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Author: sandrine 11 març 2005

Textos de la Constitució Europea

  • Constitució Europea (Edició Català) (PDF – 685 Kb aprox.)

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  • EU Constitution Guide (PDF – 563Kb aprox.)
  • Constitució Europea (Edició Català) (PDF – 685 Kb aprox.)
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Declaració de Laeken

Author: sandrine 11 març 2005

Declaració de Laeken

I. EUROPA EN UNA ENCRUCIJADA

Pueblos y Estados han intentado durante siglos asegurarse el
dominio del continente europeo mediante la guerra y las armas.
En este continente maltrecho por dos sangrientas guerras y por
el declive de su posición en el mundo, se abrió paso la idea de
que el sueño de una Europa fuerte y unida sólo podría realizarse
en la paz y mediante la concertación. Para derrotar definitivamente
a los demonios del pasado, se comenzó por instaurar una comunidad
del carbón y del acero, a la que se añadieron más adelante otras
actividades económicas, como la agricultura. Finalmente, se puso
en marcha un auténtico mercado único de mercancías, personas,
servicios y capitales al que se añadió en 1999 una moneda única.
El 1 de enero de 2002, el euro se convertirá en una realidad
cotidiana para 300 millones de ciudadanos europeos.

Así pues, la Unión Europea se ha realizado de forma progresiva.
Al principio se trataba ante todo de una cooperación económica y
técnica. Hace veinte años se reforzó considerablemente la legitimidad
democrática, que hasta la fecha había residido exclusivamente en el
Consejo, mediante la primera elección directa del Parlamento Europeo.
Durante los últimos diez años se ha comenzado a construir una unión
política y se ha establecido una cooperación en los ámbitos de la
política social, el empleo, el asilo, la inmigración, la policía,
la justicia y la política exterior, así como una política común de
seguridad y defensa.

La Unión Europea es un éxito. Europa vive en paz desde hace más de
medio siglo. Junto con América del Norte y el Japón, la Unión es
una de las tres regiones más prósperas de nuestro planeta. Y gracias
a la solidaridad entre sus miembros y a un justo reparto de los
frutos del desarrollo económico, ha aumentado enormemente el nivel
de vida en las regiones más débiles de la Unión, que han superado
gran parte de su atraso.

Cincuenta años después de su nacimiento, la Unión se encuentra
en una encrucijada, en un punto de inflexión de su existencia.
Es inminente la unificación de Europa. La Unión está a punto de
ampliarse con más de diez nuevos Estados miembros, principalmente
de Europa central y oriental, cerrando así definitivamente uno de
los capítulos más negros de la historia europea: la Segunda Guerra
Mundial y la posterior división artificial de Europa. Por fin, Europa
está en camino de convertirse, sin derramamiento de sangre, en una
gran familia. Una auténtica mutación que por supuesto exige un
enfoque diferente del de hace cincuenta años, cuando seis Estados
iniciaron el proceso.

El reto democrático europeo

La Unión debe afrontar simultáneamente un doble reto, uno dentro y
otro fuera de sus fronteras. Dentro de la Unión, es preciso aproximar
las Instituciones europeas al ciudadano. Sin duda alguna, los ciudadanos
siguen respaldando los grandes objetivos de la Unión, pero no
siempre perciben la relación entre dichos objetivos y la actuación
cotidiana de la Unión. Desean unas Instituciones europeas menos lentas
y rígidas y, sobre todo, más eficientes y transparentes. Muchos
piensan también que la Unión debería prestar mayor atención a sus
preocupaciones concretas en lugar de intervenir en los más mínimos
detalles en asuntos que, por su propia naturaleza, sería mejor poner
en manos de los representantes electos de los Estados miembros y
de las regiones. Algunos sienten incluso esta situación como una
amenaza a su identidad. Pero, lo que es quizás aún más importante:
los ciudadanos consideran que las cosas se hacen demasiado a
menudo a sus espaldas y desean un mayor control democrático.

El nuevo papel de Europa en un entorno mundializado

Fuera de sus fronteras, la Unión Europea se enfrenta asimismo a
un entorno mundializado en rápida mutación. Tras la caída del Muro
de Berlín, por un momento pareció que podríamos vivir por largo
tiempo en un orden mundial estable, sin conflictos, basada en los
derechos humanos. Pero apenas unos años más tarde desapareció esa
seguridad. El 11 de septiembre nos ha abierto brutalmente los ojos.
Las fuerzas contrarias no han desaparecido. El fanatismo religioso,
el nacionalismo étnico, el racismo y el terrorismo se intensifican
y siguen siendo alimentados por los conflictos regionales, la
pobreza y el subdesarrollo.

¿Cuál es el papel de Europa en este mundo transformado? ¿No
debería Europa, ahora por fin unificada, desempeñar un papel
de liderazgo en un nuevo orden planetario, el de una potencia
a la vez capaz de desempeñar una función estabilizadora a nivel
mundial y de ser punto de referencia para numerosos países y
pueblos? Europa como el continente de los valores humanistas,
la Carta Magna, el Bill of Rights, la Revolución francesa, la
caída del Muro de Berlín. El continente de la libertad, de la
solidaridad y, sobre todo, de la diversidad, lo que implica el
respeto de las lenguas, culturas y tradiciones de los demás. La
única frontera que establece la Unión Europea es la de la democracia
y los derechos humanos. La Unión sólo está abierta a países que
respetan valores fundamentales tales como las elecciones libres,
el respeto de las minorías y el Estado de Derecho.

Ahora que ha terminado la guerra fría y que vivimos en un mundo
a la vez mundializado y atomizado, Europa debe asumir su
responsabilidad en la gobernanza de la globalización. El
papel que debe desempeñar es el de una potencia que lucha
decididamente contra cualquier violencia, terror y fanatismo,
pero que tampoco cierra los ojos ante las injusticias flagrantes
que existen en el mundo. En resumen, una potencia que quiere hacer
evolucionar las relaciones en el mundo de manera que no sólo
beneficien a los países ricos sino también a los más pobres.
Una potencia que quiere enmarcar éticamente la mundialización,
es decir, ligarla a la solidaridad y al desarrollo sostenible.

Las expectativas del ciudadano europeo

La imagen de una Europa democrática y comprometida en el
mundo concuerda perfectamente con lo que desea el ciudadano,
que muchas veces ha dado a entender que desea un papel más
importante de la Unión en asuntos de justicia y seguridad,
de lucha contra la delincuencia transfronteriza, control de
los flujos migratorios, de acogida a los solicitantes de asilo
y a los refugiados provenientes de zonas de conflicto periféricas.
También pide resultados en el ámbito del empleo y la lucha contra
la pobreza y la exclusión social, así como en el ámbito de la
cohesión económica y social. Exige un enfoque común con respecto
a la contaminación, el cambio climático y la seguridad alimentaria.
En resumen, todos los asuntos transfronterizos que, de modo instintivo,
el ciudadano siente que sólo pueden abordarse mediante la
cooperación. Del mismo modo, también desea más Europa en los
asuntos exteriores, de seguridad y de defensa; con otras palabras,
pide más acción y mejor coordinada para luchar contra los focos de
conflicto en Europa, a su alrededor y en el resto del mundo.

Simultáneamente, ese mismo ciudadano considera que la Unión va
demasiado lejos y actúa de modo demasiado burocrático en otros
muchos ámbitos. A la hora de coordinar el entorno económico,
financiero o fiscal, la piedra angular habrá de ser siempre el
correcto funcionamiento del mercado interior y de la moneda única,
sin poner en peligro las especificidades de los Estados miembros.
Las diferencias nacionales y regionales a menudo son fruto de la
historia o de la tradición, y pueden resultar enriquecedoras.
Con otras palabras, lo que el ciudadano entiende por la “buena
gestión de los asuntos públicos” es la creación de nuevas oportunidades,
no de nuevas rigideces. Lo que espera es más resultados, mejores
respuestas a preguntas concretas y no un superestado europeo o
unas instituciones europeas que se inmiscuyan en todo.

En resumen, el ciudadano pide un enfoque comunitario claro,
transparente, eficaz y conducido democráticamente un enfoque
que haga de Europa un faro para el futuro del mundo, un enfoque
que consiga resultados concretos en términos de más empleo, mayor
calidad de vida, menos delincuencia, una educación de calidad y
mejores servicios sanitarios. Para ello, Europa debe indudablemente
buscar renovadas fuentes de inspiración y reformarse.

II. LOS RETOS Y REFORMAS EN UNA UNIÓN RENOVADA

La Unión debe llegar a ser más democrática, transparente y eficaz.
Debe también encontrar respuesta a tres desafíos fundamentales:
¿cómo acercar a los ciudadanos y, en primer lugar, a los jóvenes
al proyecto europeo y a las Instituciones europeas? ¿Cómo estructurar
la vida política y el espacio político europeo en una Unión ampliada?
¿Cómo hacer que la Unión se convierta en un factor de estabilidad y
en un modelo en el nuevo mundo multipolar? Para poder dar una
respuesta hay que formular una serie de preguntas específicas.

Un mejor reparto y definición de las competencias en la Unión Europea

El ciudadano alberga a menudo esperanzas con respecto a la Unión Europea a las que ésta no siempre da respuesta; y, en sentido inverso, el ciudadano tiene a veces la impresión de que la Unión hace demasiado en ámbitos en los que su intervención no es siempre indispensable. Por consiguiente, conviene aclarar el reparto de competencias entre la Unión y los Estados miembros, simplificarlo y ajustarlo a la luz de los nuevos desafíos ante los que se encuentra la Unión. Ello puede suponer tanto la devolución de cometidos a los Estados miembros, como la asignación de nuevas funciones a la Unión o la ampliación de competencias existentes, sin perder nunca de vista la igualdad de los Estados miembros y su solidaridad mutua.

Una primera serie de preguntas que deben plantearse se refiere al modo de hacer más transparente el reparto de competencias. ¿Podríamos a tal fin hacer una distinción más clara entre tres tipos de competencias: las competencias exclusivas de la Unión, las competencias de los Estados miembros y las competencias compartidas de la Unión y los Estados miembros? ¿A qué nivel se ejercitan las competencias de la manera más eficaz? ¿Cómo aplicar aquí el principio de subsidiariedad? ¿No debería precisarse que toda competencia que no esté atribuida por los Tratados a la Unión corresponde a la competencia exclusiva de los Estados miembros? ¿Cuáles serían las consecuencias? La siguiente serie de preguntas tiene por objeto, dentro de este marco renovado y respetando el acervo comunitario, determinar si hay que proceder a un reajuste en el reparto de competencias. ¿De qué manera pueden tomarse como guía las esperanzas del ciudadano? ¿Qué misiones podrían derivarse de ello para la Unión? y, a la inversa, ¿qué tareas sería preferible confiar a los Estados miembros? ¿Qué modificaciones a las distintas políticas es necesario introducir en el Tratado? Por ejemplo, ¿cómo formular una política exterior común y una política de defensa más coherentes? ¿Hay que reactualizar las tareas de Petersberg? ¿Deseamos adoptar un enfoque más integrado en lo que se refiere a la cooperación policial y en materia penal? ¿Cómo reforzar la coordinación de las políticas económicas? ¿Cómo podemos intensificar la cooperación en los ámbitos de la inserción social, el medio ambiente, la salud y la seguridad alimentaria? Por el contrario, ¿no debe confiarse la gestión cotidiana y la aplicación de la política de la Unión de modo más explícito a los Estados miembros y, allí donde su Constitución lo prevea, a las regiones? ¿No deben obtener garantías de que no se atentará contra sus competencias?

Por último, surge la pregunta de cómo garantizar que el reparto
renovado de competencias no lleve a una ampliación furtiva de
las competencias de la Unión o a un asalto a las competencias
exclusivas de los Estados miembros y, en su caso, de las regiones.
¿Cómo garantizar al mismo tiempo que no se debilite la dinámica
europea? En efecto, también en el futuro la Unión deberá poder
reaccionar ante nuevos desafíos y desarrollos y deberá poder
abordar nuevos ámbitos de actuación. ¿Deben revisarse a tal
fin los artículos 95 y 308 del Tratado a la luz del acervo
de la jurisprudencia?

La simplificación de los instrumentos de la Unión

No sólo es importante la cuestión de qué hace cada uno; importa
igualmente determinar cómo actúa la Unión y cuáles son los
instrumentos que utiliza. Las modificaciones sucesivas de los
Tratados han conllevado en todas las ocasiones una proliferación
de instrumentos y las directivas han ido evolucionando
progresivamente para convertirse en actos legislativos cada
vez más detallados. Resulta, pues, esencial preguntarse si no
deben definirse mejor los distintos instrumentos de la Unión y
si no hay que reducir su número.

Con otras palabras, ¿debe introducirse una distinción entre medidas
legislativas y medidas de aplicación? ¿Debe reducirse el número de
instrumentos legislativos: normas directas, legislación marco e
instrumentos no vinculantes (dictámenes, recomendaciones,
coordinación abierta)? ¿Es o no deseable recurrir más a menudo a la
legislación marco, que deja más margen a los Estados miembros para
realizar los objetivos políticos? ¿Para qué competencias son la
coordinación abierta y el reconocimiento mutuo los instrumentos
más adecuados? ¿Sigue siendo el principio de proporcionalidad la
base de partida?

Más democracia, transparencia y eficiencia en la Unión Europea

La Unión Europea extrae su legitimidad de los valores democráticos
que proyecta, de los objetivos que persigue y de las competencias e
instrumentos de que dispone. Pero el proyecto europeo extrae también
su legitimidad de instituciones democráticas, transparentes y eficaces.
Los parlamentos nacionales también contribuyen a legitimar el proyecto
europeo. La declaración sobre el futuro de la Unión, aneja al Tratado
de Niza, subrayó la necesidad de estudiar el papel de los parlamentos
nacionales en la construcción europea. Más en general, cabe preguntarse
por las iniciativas que podemos tomar para crear un espacio público
europeo.

La primera pregunta que hay que plantearse es la de cómo podemos
aumentar la legitimidad democrática y la transparencia de las
instituciones actuales, una pregunta que se aplica a las tres
Instituciones.

¿Cómo pueden reforzarse la autoridad y la eficacia de la Comisión Europea?
¿Cómo debe ser designado el Presidente de la Comisión: por el Consejo
Europeo, por el Parlamento Europeo o mediante elección directa por los
ciudadanos? ¿Debe reforzarse el papel del Parlamento Europeo? ¿Debemos
o no ampliar el derecho de codecisión? ¿Debe replantearse el modo en
que se eligen los diputados del Parlamento Europeo? ¿Conviene crear una
circunscripción electoral europea, o mantener unas circunscripciones
electorales establecidas a nivel nacional? ¿Pueden combinarse ambos
sistemas? ¿Es preciso reforzar el papel del Consejo? ¿Debe el Consejo
intervenir del mismo modo en el marco de sus competencias legislativas
y de ejecución? Para conseguir una mayor transparencia ¿deben ser
públicas las sesiones del Consejo, al menos cuando el Consejo actúa
en su calidad de legislador? ¿Debe el ciudadano tener mayor acceso a
los documentos del Consejo? Por último, ¿cómo garantizar el equilibrio y
el control mutuo entre las Instituciones?

Una segunda pregunta, relacionada también con la legitimidad democrática,
se refiere al papel de los parlamentos nacionales. ¿Deben estar
representados en una nueva institución, junto al Consejo y el
Parlamento Europeo? ¿Deben desempeñar una función en los ámbitos
de acción europea en los que no es competente el Parlamento Europeo?
¿Deben centrarse en el reparto de competencias entre la Unión y los
Estados miembros, por ejemplo, mediante un control previo del respeto
del principio de subsidiariedad?

La tercera pregunta se refiere a los medios de mejorar la eficacia
del proceso de toma de decisiones y el funcionamiento de las
Instituciones en una Unión de unos treinta Estados miembros.
¿Cómo podría fijar mejor la Unión sus objetivos y sus prioridades
y garantizar que se ejecuten más adecuadamente? ¿Es preciso que se
adopten más decisiones por mayoría cualificada? ¿Cómo simplificar
y acelerar el procedimiento de codecisión entre el Consejo y el
Parlamento Europeo? ¿Se puede mantener la rotación semestral de
la Presidencia de la Unión? ¿Cuál será la función futura del
Parlamento Europeo? ¿Qué ocurrirá en el futuro con la función
y la estructura de las distintas formaciones del Consejo? ¿Cómo
aumentar, por otra parte, la coherencia de la política exterior
europea? ¿Cómo reforzar la sinergia entre el Alto Representante
y el Comisario competente en estas cuestiones? ¿Debemos seguir
reforzando la representación de la Unión en los foros internacionales?

El camino hacia una Constitución para los ciudadanos europeos

En el momento actual, la Unión Europea funciona con cuatro
tratados. Los objetivos, competencias e instrumentos políticos
de la Unión se encuentran diseminados en el conjunto de esos
tratados. Para conseguir mayor transparencia es indispensable
una simplificación.

Cabe formular a este respecto cuatro series de preguntas. La
primera serie se refiere a la simplificación de los actuales
tratados sin cambiar su contenido. ¿Hay que revisar la
distinción entre la Unión y las Comunidades? ¿Qué hacer con la
división en tres pilares?

Es preciso reflexionar a continuación sobre una posible reorganización
de los tratados. ¿Debe hacerse una distinción entre un tratado básico y
las demás disposiciones de los tratados? ¿Debe concretarse esta
distinción mediante una separación de los textos? ¿Puede esto conducir
a hacer una distinción entre los procedimientos de modificación y de
ratificación del tratado básico y de las demás disposiciones de los
tratados?

Hay que preguntarse además si la Carta de Derechos Fundamentales
debe integrarse en el tratado básico y plantearse la cuestión de
la adhesión de la Comunidad Europea al Convenio Europeo para la
protección de los derechos humanos.

Por último, se plantea la cuestión de si esta simplificación y
reorganización no deberían conducir a plazo a la adopción de un
texto constitucional. ¿Cuáles deberían ser los elementos básicos
de esa Constitución, los valores que la Unión profesa, los derechos
fundamentales y los deberes de los ciudadanos, o las relaciones de
los Estados miembros dentro de la Unión?

III. LA CONVOCATORIA DE UNA CONVENCIÓN SOBRE EL FUTURO DE EUROPA

Para garantizar una preparación lo más amplia y transparente
posible de la próxima Conferencia Intergubernamental, el Consejo
Europeo ha decidido convocar una Convención que reúna a los
principales participantes en el debate sobre el futuro de la
Unión. A la vista de lo anterior, dicha Convención tendrá el
cometido de examinar las cuestiones esenciales que plantea el
futuro desarrollo de la Unión e investigar las distintas
respuestas posibles.

El Consejo Europeo ha nombrado al Sr. V. Giscard d’Estaing
Presidente de la Convención, y a los Sres. G. Amato y J.L.
Dehaene Vicepresidentes.

Composición

Además de su Presidente y de sus dos Vicepresidentes, la
Convención constará de 15 representantes de los Jefes de
Estado o de Gobierno de los Estados miembros (uno por cada
Estado miembro), de 30 miembros de los Parlamentos nacionales
(dos por Estado miembro), de 16 miembros del Parlamento Europeo
y de dos representantes de la Comisión. Los países candidatos a
la adhesión participarán plenamente en los trabajos de la Convención.
Estarán representados en las mismas condiciones que los Estados miembros
actuales (un representante del Gobierno y dos miembros del Parlamento
Nacional) y participarán en las deliberaciones, si bien no podrán
impedir el consenso que pueda alcanzarse entre los Estados miembros.

Los miembros de la Convención sólo podrán ser sustituidos por sus
suplentes en caso de ausencia. Los suplentes serán nombrados de la
misma forma que los miembros titulares.

El Praesidium de la Convención estará integrado por el Presidente
de la Convención, los dos Vicepresidentes de la Convención y nueve
miembros de la misma (los representantes de todos los gobiernos
que durante la Convención ostenten la Presidencia del Consejo,
dos representantes de los Parlamentos nacionales, dos
representantes de los diputados del Parlamento Europeo y
dos representantes de la Comisión).

Se invitará en calidad de observadores a tres representantes del
Comité Económico y Social y a tres representantes de los
interlocutores sociales europeos, a los que se añadirán,
en nombre del Comité de las Regiones, seis representantes
(que el Comité de las Regiones designará de entre las regiones,
las ciudades y las regiones con competencia legislativa), así
como el Defensor del Pueblo Europeo. A invitación del Praesidium
podrán tomar la palabra ante la Convención el Presidente del
Tribunal de Justicia y el Presidente del Tribunal de Cuentas.

Duración de los trabajos

La Convención celebrará su sesión inaugural e1 1 de marzo de
2002. En dicha ocasión nombrará a su Praesidium y definirá sus
métodos de trabajo. Los trabajos concluirán un año después, con
antelación suficiente para que el Presidente de la Convención
pueda presentar sus resultados al Consejo Europeo.

Métodos de trabajo

El Presidente preparará el inicio de los trabajos de la Convención sacando las conclusiones del debate público. El Praesidium desempeñará un papel impulsor y aportará una primera base de trabajo para la Convención.

El Praesidium podrá consultar a los servicios de la Comisión y a los expertos de su elección sobre cualquier cuestión técnica en la que considere útil profundizar, y podrá crear grupos de trabajo ad hoc.

El Consejo se mantendrá al corriente de la marcha de los trabajos de la Convención. El Presidente de la Convención presentará un informe oral en cada Consejo Europeo sobre la marcha de los trabajos, lo que permitirá al mismo tiempo recabar la opinión de los Jefes de Estado o de Gobierno.

La Convención se reunirá en Bruselas. Los debates de la Convención y todos los documentos oficiales serán públicos. La Convención desarrollará su actividad en las once lenguas de trabajo de la Unión.

Documento final

La Convención estudiará las diferentes cuestiones y establecerá un documento final que podrá comprender bien diferentes opciones, precisando el apoyo que hubieren recibido, bien recomendaciones en caso de consenso.

Junto con el resultado de los debates nacionales sobre el futuro de la Unión, el documento final servirá de punto de partida para los debates de la Conferencia Intergubernamental, que adoptará las decisiones definitivas.

Foro

Para ampliar el debate y asociar al mismo a todos los ciudadanos, se abrirá un foro a las organizaciones que representen a la sociedad civil (interlocutores sociales, medios económicos, organizaciones no gubernamentales, círculos académicos, etc.). Se tratará de una red estructurada de organizaciones que serán informadas con regularidad de los trabajos de la Convención. Sus aportaciones se incluirán en el debate. Estas organizaciones podrán ser oídas o consultadas sobre cuestiones específicas, según las modalidades que deberá definir el Praesidium.

Secretaría

El Praesidium contará con la asistencia de una secretaría de la Convención, que será asumida por la Secretaría General del Consejo. Podrán incluirse en ella expertos de la Comisión y del Parlamento Europeo.


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