per pensar: Futur d’Europa
8 març 2006
Liubliana, 20 de febrero de 2006
Alocución del Presidente del PE, Josep Borrell
con ocasión de la «Conferencia sobre el Futuro de Europa a la luz del Tratado Constitucional»
Apreciados colegas,
Señoras y Señores,
Gracias a todos ustedes y sobre todo al Diputado Pahor con quien he podido disfrutar de las nieves de la montaña de este bello país. Y gracias a las personas que nos acompañan en esta mesa.
Es difícil añadir más preguntas a las que hoy se han hecho aquí.
Es cierto que hoy Europa está en crisis. En realidad está en el diván de Freud preguntándose qué más quiere ser. ¿Qué me pasa doctor, de dónde vengo, a dónde voy? Pero ni siquiera sabemos cuántos somos, o cuántos vamos a ser. Europa se pregunta en la actualidad hasta dónde quiere llegar, con quién, contra quién.
La situación ha cambiado mucho desde 1957. Hoy hay nuevos países y nuevos países continentes. Lo que querían los europeos en 1957 era acabar la guerra. Pero este objetivo se ha cumplido ya. Ya no hay trincheras ni bayonetas. Hoy para los jóvenes es impensable hacer la guerra con otros jóvenes a los que conocen gracias a los intercambios y a las facilidades que existen hoy día.
A Europa le sucede qué no sabe que más quiere hacer. Hoy Europa es la historia de un éxito. Los padres fundadores tenían objetivos distintos de las realidades de hoy día. No pensaban en la moneda única ni en la confianza que hoy nos tenemos los europeos. Y por supuesto no pensaron que íbamos a ser 25 y pronto 27, con un Parlamento que se expresa en 21 lenguas diferentes.
Pero para no morir de éxito tenemos que fijarnos nuevos objetivos. Y el primero de estos objetivos debe ser el de que la ampliación al Este sea un éxito. No es tan fácil. Porque aunque formalmente esta ampliación está hecha, no lo está la realidad socioeconómica y no lo está en el espíritu de todo el mundo.
Es ahora cuando los europeos se empiezan a dar cuenta de este “big bang” que ha supuesto la ampliación. Y hoy nos damos cuenta de que plantea problemas socioeconómicos, de competitividad, de salarios, de pensiones, fiscales, etc.
Y esto se refleja en la realidad cotidiana. Vean por ejemplo la Directiva de Servicios, que refleja una confrontación entre dos mundos, con personas a favor y en contra.
El Parlamento europeo ha conseguido una síntesis entre las dos posiciones pero sigue planteándose el problema de saber cómo abordar diferentes sistemas socioeconómicos.
Una cuestión capital hoy es construir instituciones eficientes porque las reglas de Niza no sirven para que 27 países diferentes podamos trabajar. La unanimidad lleva a la parálisis o a acuerdos de mínimos. La energía se pierde por el camino.
Cuando oigo si la Constitución está viva o muerta, les digo a los europeos que seguimos con los mismos problemas que en el año 2000, después del Tratado de Niza, o incluso mayores. Y lo que todavía no tenemos es una solución. Y por lo tanto hay que seguir buscándola. Los que creen que Europa es sólo una zona de cooperación, sin más, no necesitan más que Niza. Pero si quieren pesar en el mundo, si quieren defender unos valores, hace falta volver a discutir el texto de la Constitución. Y tiene que ser un texto aceptado por todos los europeos. Esto necesita debate y tiempo.
Tiempo tenemos porque no acabaremos en junio nuestro periodo de reflexión. Quizá les toque a ustedes, a Eslovenia, hacer frente a esta cuestión durante su presidencia. Pero para eso hay que movilizar a los europeos.
Se acabó el tiempo en que Europa la hacían los diplomáticos y los gobiernos sin participación ciudadana.Haciendo acuerdos internacionales entre gobiernos, negociados en el secreto de las conversaciones intergubernamentales, sin participación ciudadana. Ese tiempo se ha acabado. Porque estamos tocando temas demasiado sensibles, de identidad. Que no pueden ser resueltos técnicamente por funcionarios. Son temas de hondo calado político que afectan a los conceptos de ciudadanía y soberanía. Y sólo pueden ser resueltos con procesos de debate democrático, mucho más lentos, mucho más complicados, pero que son imprescindibles para la unión política.
El Mercado Común no era un proyecto de unión política. Ha ido siéndolo a medida que la ambición de Europa ha ido creciendo.
Debemos preguntarnos si estamos a la altura de nuestras ambiciones. Estoy convencido de que o nos unimos más y mejor, por encima de nuestras diferencias, o lo pasaremos mal en el futuro. Sólo somos el 5% de la población mundial, con una edad media doble del resto de la población mundial. Con un 50% – pronto 70% de dependencia energética.
Por separado no vamos a ningún lado. Queremos ser un Atenas de Washington o un conjunto de países unidos.
No hay que tener miedo de nuestra Unión porque decimos claramente que estamos unidos en la diversidad. Se puede ser español, catalán y europeo a la vez. Podemos tener identidades múltiples.
Nuestro sueño europeo tiene que ser el de buscar la paz, cooperar y construir una sociedad basada en el respeto de los derechos humanos, la igualdad entre hombre y mujer, la protección del medio ambiente, una economía competitiva basada en la libre iniciativa pero también en una cohesión social y el respeto a los demás.
A ese debate les invito a ustedes pues es lo más importante que tenemos de cara al futuro.











